Resfriado común, catarro de vías altas o infección respiratoria aguda de vías superiores son diferentes términos que definen un mismo proceso. Se trata de una infección vírica aguda y autolimitada (es decir, que se cura sola en el plazo de unos días) de las vías respiratorias altas (fundamentalmente nariz y faringe).
Se conocen más de 200 tipos de virus que pueden causar resfriados.
Cuando una persona sufre un catarro, queda inmunizado frente al virus que lo ha provocado, pero aún es susceptible a otros virus, que a su vez tienen múltiples subtipos…
Es por eso que los catarros son tan frecuentes a lo largo de la vida.
También esto explica que los catarros sean más habituales en la infancia y su frecuencia disminuya con la edad; a medida que la persona va desarrollando inmunidad frente a los diferentes virus, disminuyen las posibilidades de contagio en caso de un nuevo contacto con ellos. La transmisión se provoca a través de gotas de secreciones respiratorias con virus en suspensión, producidas al toser o estornudar, que pueden ser inhaladas por otras personas, resultando contagiadas.
Los catarros son una de las enfermedades más frecuentes en el niño. Aproximadamente lo normal es que se produzcan de 3 a 9 episodios al año en el niño preescolar y de 2 a 6 episodios en el escolar. Estos episodios suelen concentrarse en otoño e invierno, en los meses de epidemia. El número de resfriados es aún mayor, hasta el doble o el triple, en los niños pequeños que acuden a guardería.
Síntomas conocidos por todos
Más o menos, todos tenemos una idea de cómo es el cuadro clínico de un catarro de vías altas. Después de un periodo de incubación (que dura de 2 a 5 días), aparecen los primeros síntomas: irritación nasal y dolor de garganta, seguidos de congestión nasal y ocular, secreción nasal, estornudos, tos…
Todo esto suele acompañarse de cierto grado de malestar general, febrícula, dolor de cabeza y dolores musculares. En niños menores de 3 años puede haber fiebre alta, vómitos y disminución del apetito.
Las secreciones nasales inicialmente son acuosas, haciéndose más espesas a los 2 ó 3 días, coincidiendo con la mejoría de los síntomas generales. Estos suelen controlarse a los 5-7 días, aunque la tos puede persistir aproximadamente 2 semanas.
Aunque los catarros de vías altas son procesos banales y que se curan solos en el plazo de unos días, a veces puede haber complicaciones.
Otitis media aguda. El moco que llega al oído puede sobreinfectarse por bacterias, dando lugar a fiebre, dolor de oídos e irritabilidad.
Sinusitis. Se manifiesta por secreción nasal amarillenta o verdosa de más de 10-15 días, fiebre, dolor de cabeza y facial.
Los catarros de repetición pueden favorecer las vegetaciones adenoideas, sobre todo entre los 4 y los 6 años de edad.
En las fases finales del catarro puede haber una sobreinfección bacteriana del moco, que debe sospecharse si la secreción nasal no mejora a los 10 días de iniciarse el proceso, si hay fiebre de más de 3 días de evolución o que comienza 48 horas después del inicio de los síntomas catarrales.
Infección de vías aéreas bajas, bronquitis, neumonía o bronquiolitis en el lactante pequeño. Si aparece fiebre elevada o que dura más de 3 días, dolor torácico en el niño mayorcito, dificultad respiratoria o rechazo del alimento en el bebé pequeño, debemos acudir al médico para que descarte estas complicaciones.
Tratamiento sintomático
Lo primero que debemos entender es que los resfriados se curan solos, y no existe ningún tratamiento específico para ellos. La mayoría de niños con catarro no precisan ninguna medicación. No está demostrado que los antibióticos o las vitaminas sean beneficiosos en el tratamiento de estos procesos.
Normalmente, el único tratamiento necesario son una serie de medidas generales que ayudan al niño a sobrellevar mejor los síntomas. Estos son nuestros consejos.
Mantener una buena hidratación. La ingestión de abundantes líquidos ayuda a que las secreciones respiratorias sean más fluidas y disminuya la tos.
Lavados nasales cuidadosos con solución salina fisiológica, y limpieza de las secreciones con aspirador nasal infantil o pera de succión. Es recomendable realizar estos lavados en el niño pequeño sobre todo antes de las tomas o de dormir, o cuando se detecten signos de obstrucción nasal.
El niño suele dormir mejor si se le acuesta con la cabeza algo elevada, incluso semi-incorporado.
Puede ser recomendable colocar un humidificador en la habitación del niño. No debe añadirse mentol ni alcanfor para niños menores de 2 años. El aparato debe limpiarse y secarse a diario para evitar que se colonice por hongos, bacilos o que se acumule polvo. En niños asmáticos debe evitarse su uso, pues el vapor puede desencadenar las crisis.
Puede ser necesario el uso de antipiréticos (como el paracetamol) en caso de fiebre, malestar o dolores de cabeza o musculares.
Es más discutido el uso de otros fármacos, como expectorantes y medicamentos para la tos. Os recomendamos que sigáis las indicaciones de vuestro pediatra a este respecto.
Los antibióticos habitualmente no deben utilizarse para el tratamiento de los resfriados, salvo que exista una sobreinfección bacteriana. Igual que en el punto anterior, vuestro pediatra será quien os indique si deben usarse antibióticos. No debéis usarlos vosotros por vuestra cuenta.
Es muy importante evitar fumar en el entorno del niño para disminuir la irritabilidad nasal y la tos. Además, el humo del tabaco puede desencadenar episodios de broncoespasmo.
Los niños mayores, si se encuentran bien, pueden y deben acudir al colegio. En cambio, es recomendable que los bebés pequeños permanezcan en casa los 2 ó 3 primeros días del cuadro, ya que normalmente suelen tener una afectación mayor y pueden contagiar a los demás niños.
Para prevenir la transmisión, hay que lavarse las manos tras el contacto con una persona resfriada. Y en los bebés menores de 6 meses debe evitarse en la medida de lo posible el contacto con personas acatarradas. Recordad que su riesgo de contagiarse es mayor, así como la posibilidad de complicaciones.
En el lactante resfriado, los papás deben vigilar la aparición de síntomas de dificultad respiratoria. Fundamentalmente, se debe acudir al médico si el bebé rechaza el alimento, presenta una frecuencia respiratoria más rápida de lo normal o hundimiento de los espacios entre las costillas al respirar.
miércoles, 30 de enero de 2008
Cómo evitar que tus hijos estén todo el invierno resfriados
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Los adolescentes y el tabaco
Todo lo que debe saber para ayudar a su hijo a no caer en esta adicción.
Los niños que corren el MAYOR riesgo de fumar:
tienen padres, hermanos o amigos que fuman
exhiben características tales como el endurecimiento y tratan de actuar como adultos
niegan los efectos dañinos del tabaco
poseen pocas destrezas para hacerle frente a la vida y el tabaco les alivia el estrés
tienen una baja autoestima y depresión
tienen un rendimiento académico pobre, especialmente las niñas
se dejan influenciar por los anuncios que relacionan el fumar cigarrillos con estar bien delgados y/o sufren de desórdenes del comer.
Lo que pueden hacer los padres para evitar el uso del Tabaco:
Los padres son los modelos del ejemplo. Si usted fuma, deje de fumar. Si no ha dejado de fumar, no fume frente a sus hijos y dígale que usted siente mucho el haber empezado a fumar.
No permita que se fume en su casa y haga respetar su regla de No Fumar.
Pregunte si se habla acerca del tabaco en la escuela.
Pregunte acerca del uso del tabaco por los amigos; ensalce a los niños que no fuman.
No permita que sus niños manejen los materiales de fumar.
No permita que sus niños jueguen con cigarrillos de dulce. Son símbolos de cigarrillos reales y los niños pequeños que los usan tienen mayor tendencia a fumar.
Respalde los esfuerzos de no fumar de la escuela y la comunidad e informe a los oficiales escolares que usted espera que ellos hagan cumplir la política de no fumar.
Haga que el tabaco no esté disponible para los niños y adolescentes– respalde el aumento en las contribuciones sobre el tabaco, las licencias a vendedores y la prohibición de las máquinas que venden cigarros sin atención personal.
Discuta con sus niños las imágenes falsas y engañosas que se usan en los anuncios y películas donde presentan el acto de fumar como glamoroso, saludable, sensual y maduro.
Enfatice los efectos negativos a corto plazo tales como el mal olor en la boca, los dedos amarillos, la ropa apestosa, la respiración corta y la disminución del rendimiento en los deportes.
Enfatice que la nicotina es adictiva. Ayude a los niños a decir “No” al tabaco mediante juegos representando situaciones en las que los pares les ofrecen tabaco.
Si su niño o adolescente ya ha comenzado a usar tabaco, los siguientes pasos pueden ayudarlo a que lo deje:
Aconséjele a que deje de fumar. No lo enfrente, dele soporte moral y sea respetuoso.
Asístalo en sus esfuerzos para dejar de fumar y exprésele su deseo de ayudarlo.
Provea materiales educativos.
Ayude a su joven a poder identificar las razones personales pertinentes para dejarlo.
Si usted fuma, póngase de acuerdo con su hijo para dejar de fumar y negocie una fecha para hacerlo.
Reclute la ayuda del pediatra del niño o del médico de familia para que ayude al niño a dejar de fumar.
Si el niño está usando otras drogas y/o el alcohol o hay problemas con desórdenes del humor u otros desórdenes, la evaluación por un psiquiatra de niños y adolescentes u otro profesional de la salud mental puede ser lo indicado.
Etiquetas: Madres
Los primeros cuidados durante el postparto
En los momentos inmediatamente posteriores al parto, sentirás emociones intensas y contradictorias.
Estás dando el paso de la “no-paternidad” a la paternidad. El afecto hacia el bebé no siempre surge de forma inmediata. A veces la mamá necesita tiempo para acostumbrarse al bebé.
Tanto él como tu estáis aprendiendo a conoceros.
En relación a tu estado físico debes tener en cuenta, que tu recuperación es distinta de la de cualquier otra mujer. Tú eres tú y tus circunstancias. No te agobies, escucha a tu cuerpo y no sobrepases tus límites.
En las primeras horas puedes notar muchísimo cansancio, temblores, las piernas dormidas, molestias en las cicatrices, sopor, etc. El personal sanitario controlará tu recuperación, vigilando especialmente la temperatura, la tensión, los sangrados, la involución del útero, la micción, la recuperación de la epidural y la evolución de la lactancia. Lo habitual en el postparto inmediato es que se te mantenga el catéter de la epidural y el catéter intravenoso para administrar los sueros y la medicación. Estos se te mantendrán en las primeras horas hasta que las enfermeras lo consideren necesario. Pero en ocasiones, tras el parto, el catéter de la epidural se retira en el propio paritorio.
Ya en la planta del hospital, te indicarán cuando puedes empezar a comer y a beber, suele ser a las dos horas de haber dado a luz, y de manera paulatina. En cuanto se te pase el efecto de la anestesia y puedas caminar hasta el servicio, intenta orinar. Con la vejiga vacía, a tu útero le será más fácil volver a su sitio.
Debes procurar levantarte de la cama lo antes posible y, en cuanto te sientas capaz, puedes ducharte y pasear por la habitación. Pero, ten en cuenta que la episiotomía, muchas veces resulta dolorosa e incapacitante. Procura no estar muchas horas de pie para evitar que la zona se edematice, mantén la zona limpia y seca. Para ello lávate con agua y jabón cada vez que vayas al servicio y sécate dándote “toquecitos” con la toalla.
Cambia a menudo de compresa
Si es muy dolorosa puedes aplicar hielo envuelto en una toalla y tomar los analgésicos que tu ginecólogo te indique. Además procura de descansar a ratos en la cama con los pies elevados. Intenta apretar las nalgas y el periné antes de sentarte y trata de inclinarte hacia delante al orinar. Estas medidas ayudan a que duela menos.
Es posible que notes mayor tirantez a los tres o cuatros días de dar a luz, es señal de que está cicatrizando. Los puntos tardan un mes en caerse, y las molestias si todo va bien, ceden en una semana.
En el caso de la Cesárea
En el caso de la Cesárea, además del catéter epidural y los sueros, subirás a la habitación con una sonda vesical. A las 24 horas tras la cesárea te indicarán que empieces a beber líquidos y según como los vayas tolerando, se seguirá con una dieta progresiva.
Te ayudarán a levantarte de la cama y podrás ducharte y moverte por la habitación.
Ten en cuenta que una cesárea es una intervención quirúrgica y que la recuperación es mucho más lenta que en los partos. Todo lleva su tiempo, ten paciencia y no te fuerces. Tú misma notarás de lo que vas siendo capaz en cada momento. Procura tener las piernas en alto cuando estés sentada y evita cruzarlas.
También a las 24 horas, las enfermeras te retirarán la sonda vesical. En cuanto puedas caminar hasta el servicio, intenta orinar ya que con la vejiga vacía, a tu útero le será más fácil volver a su sitio. Si la cesárea ha sido realizada bajo anestesia general, todo este proceso será más lento, ya que el cuerpo debe eliminar más cantidad de anestesia.
Con respecto a la cicatriz, sólo es necesario lavar con agua y jabón en el momento de la ducha diaria. Es preciso secarla muy bien y durante la primera semana, aplicar yodo una vez al día. Se deben revisar los puntos a los siete días en la consulta de tu ginecólogo.
Si tienes un acceso de tos o ganas de respirar profundamente, pon una mano sobre la cicatriz y aprieta la zona uniformemente, de este modo la molestia será mucho menor. Otra opción es poner una toalla doblada sobre el abdomen y agarrar ambos extremos para que quede a modo de fajín y sujete la zona de la cicatriz. El resultado es mejor si alguien te ayuda en esta técnica. No dudes en pedir ayuda.
No cojas peso hasta pasado un mes de la cesárea. La herida aun no ha cicatrizado por dentro. Si tienes que coger algo del suelo, flexiona las rodillas. No dobles la cintura y apóyate con una mano en algún sitio para no perder el equilibrio.
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Calendario de vacunación
Las vacunas le dan a tu hijo antígenos para producir defensas contra las enfermedades. ¡Llévalo a vacunar!.
Las vacunas se consideran uno de los mayores logros de la medicina, porque han controlado y erradicado muchas enfermedades infecciosas, como la poliomielitis, la difteria, el tétanos o la viruela (ya desaparecida).
Al nacer
Vacuna: BCG
Previene: Tuberculosis
Al nacer, a los 2 meses, 4 meses y 6 meses
Vacuna: SABIN
Previene: Poliomielitis
A los 2 meses, 4 meses y 6 meses
Vacuna: Pentavalente (DPT+HB+Hib)
Previene: Difteria, Tos Ferina, Tétanos, Hepatitis B, infecciones por H influenzae B
A los 2 años y 4 años
Vacuna: DPT
Previene: Difteria, Tos Ferina, Tétanos
Al año
Vacuna: Triple Viral (SRP)
Previene: Sarampión, Rubéola, Parotiditis
A los 6 años
Vacuna: SR
Previene: Sarampión, Rubéola
A partir de los 12 años
Vacuna: Td
Previene: Tétanos, Difteria
A partir de los 12 años y al mes de la primera
Vacuna: Hepatitis B
Previene: Hepatitis B
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Adiós al biberón
Pediatras y psicólogos aseguran que dejar el biberón antes de los 13 meses reporta muchos beneficios. Pero… ¿cómo conseguir que el niño se despida de un objeto amigo para usar la taza, un utensilio que no conoce ni controla?.
Muchos niños en algún momento cambian el atractivo del biberón por el de la taza por su propia voluntad. Entonces… ¿por qué obligarles a dejar un objeto que ahora adoran pero que con el tiempo probablemente olvidarán?
Los pediatras y los psicólogos responden con rotundidad: cuanto más tarden en hacerlo, más difícil les resultará encontrarle atractivo a la taza o al vaso que es igual de complicado y no tiene asas. Mientras tanto, crean malos hábitos para su desarrollo posterior.
¿Por qué abandonar el biberón?
Aunque no se pueda establecer una fecha precisa para decirle adiós, los médicos aconsejan abandonarlo a los doce o trece meses.
Olvidarse de él cuanto antes es un signo más de que empiezan a ser mayores y más autónomos , lo que les ayudará en todas las facetas de su día a día.
Además, usarlo durante mucho tiempo fomenta en muchos casos la aparición temprana de caries. Tanto la leche como la leche de fórmula para bebés o los zumos contienen azúcares, y los dientes se deterioran al exponerse a este tipo de líquidos durante períodos largos de tiempo. En especial si el bebé está acostumbrado a quedarse dormido con el biberón o pasa gran parte del día chupándolo muy despacito (como si se tratara de un chupete).
Los pediatras advierten que algunos niños que continúan con el hábito del biberón una vez cumplido el año y medio pueden padecer deficiencias en su alimentación, aunque generalmente no son graves. No es demasiado común, pero los grandes amantes del biberón, esos que no lo quieren soltar por nada del mundo, suelen recibir mucha más cantidad de leche al día de la que necesitan, por lo que ya no tienen hambre a la hora de comer alimentos sólidos, lo que en ocasiones se traduce en una nutrición inadecuada.
Es bastante complicado conseguir hablar teniendo la tetina del biberón o el chupe en la boca, por lo que el desarrollo del habla puede frenarse o ir más lento de lo habitual.
¿Por qué los niños no quieren dejarlo?
A muchos les conforta, igual que el chupete, porque ejerce las mismas funciones: les calma y les hace sentirse protegidos.
El bibe es un objeto que no solo sirve para alimentarse, para ellos también es un juguete en toda regla: su tetina se puede mordisquear, se agita, rueda… Y hay algunos, los más devotos de San Bibe , que incluso llegan a abrazarlo por las noches.
Además, ¿qué gracia tiene sustituir un objeto al que ya están acostumbrados por otro que no controlan? Ninguna, piensan ellos. Porque, digan lo que digan, no es nada fácil no derramarse encima el contenido de una taza las primeras 50 ó 60 veces.
Técnicas para ayudarles a olvidar el bibe
Estas son algunas buenas tácticas para que la despedida no sea tan dolorosa:
Empezar la transición cuanto antes. Aunque se pongan perdidos, ya podemos empezar a darle vasos a partir de los siete meses, combinándolos, eso sí, con los bibes. A esta edad todavía no pueden ingerir el contenido de una taza, lo único que harán con ella será juguetear, pero por algo se empieza. Pasada esa edad, el proceso puede ser paulatino, primero cambiamos el bibe de leche del mediodía por una taza. Después, poco a poco se irán sustituyendo el resto de biberones.
Paciencia y diversión. Les encanta jugar, así que podemos plantear el cambio del bibe a la taza como una diversión más. Hagamos como que servimos el té un poco antes de la hora de comer para después intentar que tome su comida en una taza. También podemos probar a recoger con él todos los biberones y guardarlos en una bolsa.
Antes de dormir. Muchos niños siguen tomando el bibe de la noche durante muchos años (este es el más cuesta quitar porque les reconforta). Un buen baño caliente antes de acostarse, música relajante, nanas… cualquier táctica que les serene es buena si se consigue que duerman sin él. En cualquier caso, no está de más tener a mano el chupete por si no consigue calmarse.
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